Al principio eramos acompañados por muchas personas que se podrían haber considerado familia...
Los viajes eran tan constantes que en cierto momento se volvió indispensable para mi seguir en movimiento... Siempre viajando...
Incluso cuando ellos ya se habían ido...
Era como buscar algo... Pero no estaba seguro de que era lo que había de buscar...
En cierto momento cuando ya solo quedábamos mi padre, su mejor amigo y yo, Padre decidió contarme una historia, la historia de nuestra familia, que hasta entonces yo desconocía...
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El me contó que en algún momento antes de que yo naciera fuimos parte de una gran familia perteneciente a la nobleza, que como sucede con todos los humanos tuvo gente malvada y traicionera entre sus filas, que al enterarse de mi próximo nacimiento vieron sus sueños de herencia, riqueza y poder hechos a un lado, pues yo era el único varón por línea de sangre a disputar el derecho. Así que eso los dejaba perdidos.. Sin el estilo de vida que habían soñado...
Quizá fue eso lo que los impulsó a conspirar en contra de mi familia... A planear en como conservar esas ambiciones intactas... Sin importar el costo...
Quiso la buena fortuna que el más fiel guerrero al servicio de mi padre, fuera "invitado" a la conspiración y que este aparentando ceder a la tentación del oro fuera informado de los planes que se tenían respecto a mi familia. Este hombre valeroso y leal llamado Mailí Vetshoshverel puso al corriente a mi padre acerca de los terribles planes que nuestra "familia" tenía deparados para nosotros; Organizó nuestro plan de escape para esa misma noche, confiando en que las tinieblas nos protegerían del peligro y nos mantendrían a salvo de miradas curiosas, al tiempo que enviaba una misiva a un reino cercano al cual en tiempos inmemorables nuestra casa había salvado de un gran peligro y quienes se habían comprometido en un pacto inmortal a que nos pagarían ese favor a cualquier costo, eran nuestra única esperanza...
Esa noche fue terrible y llena de malos presagios... La rueda de la carreta original en la que viajaríamos se quebró apenas fue llevada al cobertizo donde nos ocultábamos (yo aún en el vientre de mi madre), los mejores caballos del castillo habían sido sangrados esa misma tarde por el medico y solo quedaban en la cuadra algunos débiles caballos para las labores del campo, después de mil contratiempos más, justo antes de salir de palacio mi madre entró en labor de parto, era muy peligroso movernos así pero las circunstancias lo hacían indispensable y ante la perspectiva de tener a su primogénito en la comodidad de palacio pero bajo el riesgo de que fuera asesinado en la cuna esa misma noche o sufrir el peligro y el dolor del transporte hasta estar a buen recaudo, mi madre no lo pensó dos veces siendo la primera en montar al carruaje en que se disponían a huir...
Vladimir sabía que se habían contratado mercenarios para la tarea de asesinar a mi familia, así que anticipándose a la llegada de estos preparó todo de modo que pudiéramos salir al caer la noche, la luna brillaba en lo alto del cielo cuando abandonamos mi tierra natal en camino a la tierra aliada donde esperaban nos dieran asilo, al llegar a una encrucijada en el camino los caballos empezaron a retroceder y trataron de huir de la brida de los criados que les llevaban mientras una extraña neblina, más parecida al humo de un incendio salida de quien sabe donde se apoderaba de todo el lugar expandiéndose por el área donde estábamos.
Los caballos cada vez se ponían peor, ahora se encabritaban en su intento de alejarse de lo que fuera que acechaba desde dentro de esa neblina, Kayode el criado encargado de los caballos de la primera caravana de repente soltó un grito desgarrador al que siguió un completo silencio... Teníamos guardias delante y detrás nuestro haciendo nuestra caravana casi impenetrable desde cualquier ángulo sin embargo algo estaba jalando a los hombres dentro de esa neblina haciéndolos desaparecer...
Ibor Huter, el segundo al mando de la guardia, hombre de gran valor y cero imaginación se adelantó a los demás hacia el frente de la primera carreta de nuestra caravana espada en mano y oído alerta para descubrir que era lo que se había llevado a Kayode, pero después de atisbar por más de diez minutos nada pareció ahí... La consternación era palpable entre los miembros de nuestro grupo pues el suceso era demasiado extraño para ser pasado por alto, Ibor tomo el lugar de Kayode al frente y tirando de la rienda de los caballos les obligó a avanzar... Fue entonces cuando sucedió...
Parecían aparecer de la nada y desaparecer como habían llegado, era imposible calcular su numero por la velocidad en la que se movían, esas criaturas de oscura piel (Pues todos quienes los vieran seguros podían estar de que no eran humanos de ninguna clase) aparecían y desaparecían ente los aterrorizados ojos de los guardias y escoltas, algunos perdieron el valor y la razón ahí mismo entregándose a pueriles rezos de protección que hicieron a los atacantes el mismo daño que el rocío a las hojas de la mañana, convirtiéndolos en las primeras víctimas de estos, sin embargo, la mayoría conservó la sangre fría y peleó valientemente aun cuando se veían superados en numero y fuerza por el enemigo quien a pesar de ser atravesados por lanzas, espadas y flechas parecían no sentir daño alguno.
Mailí se destacaba entre su gente, repartiendo golpes de espada a diestra y siniestra, derribando él a el primero de los atacantes que cayó, un ágil movimiento circular a su alrededor, el peso del enemigo que en ese momento se dejaba caer sobre él y la gracia de la providencia actuaron a su favor logrando decapitar a su atacante quien se desplomó a sus pies para no volver a levantarse.
- ¡¡Pueden morir!! - Rugió Mailí en medio de la noche, para infundir valor a aquellos de los suyos que aun estaban en pie.
El éxito de su líder dio nuevos bríos a los soldados quienes arremetieron con renovada fiereza contra aquellos temibles asesinos semi-invulnerables de oscura piel, mas enemigos fueron abatidos por ellos sin embargo... Uno a uno fueron viniéndose abajo los valientes caballeros hasta que su numero se vio reducido peligrosamente. Fue entonces cuando el que parecía el líder del ataque se dirigió a los sobrevivientes:
- No necesitamos nada de ustedes, ni reclamaremos sus vidas, solo hemos venido aquí por ese niño que está apunto de nacer.
Mailí pudo ver en el rostro de cuatro de los supervivientes el miedo atroz que les inspiraba el aspecto de la criatura y sintió en sus venas la ira helada ante la cobardía y la traición que leyó en sus expresiones cuando todos miraron hacia el carruaje en que aun estaba mi madre, aun en labor de parto. Sabía que esa promesa de vida era únicamente una farsa, un recurso para hacer que nuestra propia gente peleara entre ellos, recurso que en principio surtió efecto pues los cuatro caballeros que les habían escuchado caminaron hacia la puerta del carruaje.
- ¡Imbéciles! - Tronó de nueva cuenta la voz de Maili Vetshoshverel, potente como el rayo en mitad de la oscura y callada noche - ¿No se dan cuenta de que es precisamente eso lo que quieren? Dividirnos para después acabar con TODOS nosotros una vez que cumplan su propósito...
La voz de su general les hizo volver en si y avergonzados por su actitud se abalanzaron contra los enemigos pero estos estaban ya muy cerca y listos para pararlos. Mailí atacó junto a sus hombres, leal y valiente hasta el final pero uno de los atacantes le atenazó el cuello azotándolo brutalmente contra un árbol, aun debajo del armadura Maili sintió como sus costillas se rompían, una de ellas perforándole un pulmón y dejándolo sin aliento fue arrojado a los pies de otro árbol cercano.
El líder de los atacantes se adelantó hacia la puerta tras de la cual se encontraba mi madre, mi padre, ya desarmado y herido, en su desesperación se arrojó sobre el monstruo y sufrió un destino similar al de su fiel general al ser impactado con tanta fuerza contra el suelo que la parálisis le acometió instantáneamente dejando sin sensibilidad brazos y piernas, lloró impotente mientras la criatura abría la puerta sacando a mi madre, semi inconsciente del dolor por el alumbramiento inminente, del cabello y arrojándola al piso entre las agujas de los arboles del camino. El engendro se irguió cuan alto era y dirigiéndose a sus compañeros en una lengua que ni mi padre ni Mailí entendieron extrajo su espada de la funda y con un certero golpe estaco a mi madre contra el suelo atravesándole el pecho.
Gritó lleno de furia y dolor, pues la aberración sacó aun una daga de su cinto y entre los vítores de sus camaradas la dirigió al vientre de mi madre donde aun yacía yo dentro. En ese momento, las cosas sucedieron como en cámara lenta para mi padre y Mailí que se desangraba lentamente a unos metros de mi madre. De la nada, al igual que los atacantes, empezaron a aparecer criaturas semejantes (en cuanto a la imposibilidad de su existencia) y diferentes a la vez de estos, estas criaturas nuevas comenzaron a atacar uno por uno a los enemigos que nos rodeaban, desgarrando y descargando potentes golpes con sus manos con garras, algunos de ellos ostentaban orejas y colas de lobo, mi padre pensó que había enloquecido cuando uno de ellos se le acercó y con ojos rojos cual brazas le examinó detenidamente, tomándolo de la mano se llevó su sortija a la cara para mirarle. Una vez terminado su reconocimiento el ser se dirigió hacia el que estaba justo detrás de él, esta vez mi padre entendió lo que decían las criaturas.
- Hemos llegado casi tarde, aun están vivos pero no podrán resistir por mucho tiempo, si queremos conservarlos con nosotros hay que hacerlo...
Lo que a continuación pasó fue algo que escapó al entendimiento de mi padre, Narullu, así era como se llamaba la criatura que se le había acercado, le levantó en brazos delicadamente hasta descubrir su cuello y entonces como si fuera parte todo de un loco y espantoso sueño le mordió, sorbiendo su sangre casi con placer y cuando se sentía desfallecer le fue ofrecida el antebrazo sangrante de quien momentos antes le había mordido, mientras aquel que había permanecido detrás de él, Næraigošân, hacía lo mismo con Mailí, a pesar de la repugnancia que esto le causaba, se encontró bebiendo también con inmenso placer hasta que no pudiendo soportarlo más se hundió en la inconsciencia...
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