domingo, 31 de marzo de 2019

Capítulo III. Kristoff, La Gárgola.

Primera Parte. El Soldado de ningún lugar.

Nuevamente de regreso “en casa”. ¡Malditos políticos de mierda! Pudimos haber llevado la delantera, pero no, a un marica de Washington se de aguaron los pantalones y nos mandaron de regreso. “¡Mierda!” rezongo por lo bajo mi indignación. Cada vez era peor, que los derechos humanos, que la convención de Ginebra, que el respeto a los capturados… ¡Pura mierda! ¡Guerras son guerras! No son para andar dándose la manita y haciendo puterías políticas, ¡o coges o te coge el enemigo!

Eso es lo que me gusta, el gusto del aliento caliente en medio de una pelea, la sensación de la carne al hundirse bajo mis puños, incluso el crujir de los huesos al ser rotos por un buen golpe ¡Esa es la sal de la vida! Un hombre debe ser un hombre y dejarse de ideas puñeteras en el campo de batalla.


martes, 1 de noviembre de 2011

Cap. II Cervantes (segunda parte)


Sus sueños eran inquietos, había gritos y el sonido de cosas que se quebraban, un grito mucho más alto que los demás fue lo que lo despertó. Se levantó en silencio y salió de su habitación, lentamente y un poco adormilado aún se dirigió hacia el cuarto de sus padres. Entró, pues la puerta estaba entreabierta, todo yacía en desorden: ropa, maletas a medio componer, joyas esparcidas por el piso, dio un pasó más y se detuvo cuando algo le pinchó el pie, era uno de los aretes favoritos de mamá. Cuántas veces había visto el diamante relumbrar entre el cabello de su madre… ¿por qué estaba en el suelo? Ruidos provenientes del piso inferior lo sacaron de sus pensamientos. Se dirigía hacia la escalera cuando recordó a Ivy, corrió por el pasillo hasta la recámara de su hermana, encontrándola vacía también, bajó corriendo las escaleras, con el horrible presentimiento de un terror desconocido latiendo en su pequeño pecho, dobló el rellano como una exhalación y entró en la sala…

viernes, 28 de octubre de 2011

Capítulo II. Cervantes (primera parte)


1969
El trabajo no era nada del otro mundo, solo otro tipo más que había cometido la estupidez de robarle a la mafia. Se acercó a la casa, era la típica casa de los suburbios, con jardín y espacioso patio trasero, dos niveles, amplias ventanas…
Pero había algo en la escena que le traía vagos recuerdos que sabía por alguna razón dolorosos y por lo tanto trató de evadirlos, decidió entrar por el patio trasero dejando su automóvil en la parte posterior del bloque de casas, verificó su arma, silenciador y cargadores, todo en orden…
La casa se veía inocentemente tranquila a la luz del atardecer. Las bicicletas de los niños tiradas al descuido en el jardín trasero, una de niño y una de niña, alguno que otro juguete olvidado también en la prisa por entrar a cenar, en su mente algo se retorcía cada vez más causándole oleadas de dolor casi físico. Se descubrió respirando agitadamente, llevándose una mano al pecho, ¿Qué diablos le estaba pasando? Pero él era más fuerte que eso. Terminaría el trabajo.
Abrió cuidadosamente la puerta de la cocina y esta vez no pudo evitarlo, se quedó de una pieza contemplando el lugar por demás vacío… Era idéntico… Cual corriente liberada de una presa, los recuerdos corrieron libres como una película, nítida en detalles… Cayó de rodillas a la vez que una voz en su cabeza decía “Es hora, recuerda
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