Primera Parte. El Soldado de ningún lugar.
Nuevamente de regreso “en casa”. ¡Malditos políticos de mierda! Pudimos haber llevado la delantera, pero no, a un marica de Washington se de aguaron los pantalones y nos mandaron de regreso. “¡Mierda!” rezongo por lo bajo mi indignación. Cada vez era peor, que los derechos humanos, que la convención de Ginebra, que el respeto a los capturados… ¡Pura mierda! ¡Guerras son guerras! No son para andar dándose la manita y haciendo puterías políticas, ¡o coges o te coge el enemigo!
Eso es lo que me gusta, el gusto del aliento caliente en medio de una pelea, la sensación de la carne al hundirse bajo mis puños, incluso el crujir de los huesos al ser rotos por un buen golpe ¡Esa es la sal de la vida! Un hombre debe ser un hombre y dejarse de ideas puñeteras en el campo de batalla.