domingo, 31 de marzo de 2019

Capítulo III. Kristoff, La Gárgola.

Primera Parte. El Soldado de ningún lugar.

Nuevamente de regreso “en casa”. ¡Malditos políticos de mierda! Pudimos haber llevado la delantera, pero no, a un marica de Washington se de aguaron los pantalones y nos mandaron de regreso. “¡Mierda!” rezongo por lo bajo mi indignación. Cada vez era peor, que los derechos humanos, que la convención de Ginebra, que el respeto a los capturados… ¡Pura mierda! ¡Guerras son guerras! No son para andar dándose la manita y haciendo puterías políticas, ¡o coges o te coge el enemigo!

Eso es lo que me gusta, el gusto del aliento caliente en medio de una pelea, la sensación de la carne al hundirse bajo mis puños, incluso el crujir de los huesos al ser rotos por un buen golpe ¡Esa es la sal de la vida! Un hombre debe ser un hombre y dejarse de ideas puñeteras en el campo de batalla.


El whisky que estaba bebiendo sabía a agua, hubiera preferido un buen trago de “Wild turkey” o tequila mexicano, pero seguramente en este bar de maricas ni siquiera lo conocen. Esa puta se ve bastante bien, me pregunto si le gustará jugar “duro”. Desde que regresé no me tirado a nadie. Podría desfogarme con ella, siempre y cuando no sea de esas perras hipócritas de “¡Oh no! No en la primera cita” cuando están tan mojadas que escurren…

– Hola muñeca ¿qué te tomas?
– Dos copas de “Piérdete”, espero a alguien.

Maldita ramera ¿Quién coños se cree? Ya verá…” No me molesto en mirarla siquiera cuando me siento en una mesa cercana y pido una botella más, me mira con cara de sorpresa ¡je! ¿Acaso esperaba que le ruegue? Ni que fuera la maldita Mona Lisa y aún así solo le preguntaría una vez.

Pasan las horas, mi botella está a punto de acabarse y a la perra del vestido rojo la han dejado plantada, después de un rato me lanza miraditas desde su mesa.

– Ehh… Disculpa… ¿Tienes fuego?

Yo te daré fuego, ya verás perra

– ¿Me invitarás otro trago de “Piérdete”?

La muy zorra me sonríe como si fuera un chiste y tomando mi encendedor se inclina para prender el cigarro dejándome ver ese buen par de pechos que asoman de su amplio escote.

– Perdona si fui grosera contigo, entiéndeme, estaba esperando a alguien.
– Y como te botaron, yo soy el premio de consolación ¿no?

No me esfuerzo por ser agradable con ella, será ella la que tendrá que pedirlo de buena manera ahora.

– Yo no lo llamaría así… Diría que en realidad yo soy el premio para ti…

Sabía que caería, sabía que sería ella la que me pidiera llevarla a “un lugar más cómodo” cuando nos acabamos la botella, espero que el asiento trasero de mi auto le parezca suficientemente cómodo porque es lo más lejos que llegará conmigo.

Me besa cuando salimos al callejón trasero del bar, le meto las manos debajo del vestido apretándole las nalgas y ella se aparta diciendo algo como “Todavía no”.

Me vale madre y me doy la vuelta para irme, ahora es ella la que me alcanza y toma mi mano para meterla bajo su escote, dejándome masajear sus pechos sin sostén, le bajo los tirantes del vestido y la dejo con las tetas al aire, ya estamos cerca de mi auto, la levanto, la subo a la cajuela y me pongo en medio de sus piernas abiertas.

Me agasajo con sus pechos, la muerdo y la marco con los dientes, ahora si no pone objeción, solo abre más las piernas y me jala contra ella mientras no deja de jadear. Aun cuando estoy bastante caliente mi mente de soldado no deja de estar alerta y tengo la sensación de que alguien nos mira, me importa una mierda pero no quiero ser diversión de un pendejo salido para que se la jale mirándome.

Antes de bajarla de la cajuela le quito las bragas, serán mi trofeo de esta noche, abro la puerta trasera del auto y prácticamente la lanzo dentro, está tan caliente y ebria que solo se ríe mientras me hecho sobre de ella y la penetro sin más, grita, me araña, pero no me detengo, ahora va a ver lo que es coger con un hombre de verdad, se la meto tan fuerte que el coche se sacude considerablemente, ella se corre al poco mojándome con sus jugos, le digo que es su turno y me acuesto en el asiento para dejarla que me monte.

Se empala ella misma, apenas y puede moverse sobre mí, sus pechos sacudiéndose y rebotando al ritmo de mi cogida, pero aún así no lo disfruto completamente, es esa sensación de ser observados que no me deja… Me enfurece, decido terminar ya y profundizo la penetración alzándola casi, su cabeza pega con el techo del auto, pero parece no importarle, grita y se retuerce pidiendo más.

Toma mis manos y las coloca sobre sus pechos apretándolos y haciéndose daño, eso me excita y la abofeteo, grita, pero solo para pedirme que lo haga más fuerte, ahora sí estamos hablando el mismo idioma, le pego con más fuerza en la cara y en las nalgas, se retuerce como poseída y empieza a gritar “Me vengo, me vengo” ¡Qué diablos! Realmente está loca, así que me preparo para venirme también, dentro de ella, y justo cuando me estoy vaciando lo veo…

No estoy muy seguro de que es, pero estaba ahí, asomado desde la azotea de la casa al lado del bar que es más baja y puedo ver su silueta recortada contra la luna. Para ser un salido debe ser uno de los muy jodidos de la mente para estar a la intemperie espiando el callejón tras de su casa, solo para ver coger a alguien a medias a mitad de la noche.

La perra, Griselda, Gisela, Jimena, no pongo mucha atención a como se llama, se deja caer sobre mi pecho y su perfume me hostiga la nariz, la levanto y le pregunto si la puedo llevar a algún lado, parece sorprendida y me mira como si hubiera escuchado mal.

– ¿De qué hablas?

¿Qué de que hablo? Esta debe ser más estúpida de lo que normal.

– Tengo cosas que hacer, ¿A dónde te llevo? ¿O prefieres regresar al bar?

Creo que piensa hacerme una escena, pero la expresión en mi rostro le aconseja lo contrario, baja del auto y se acomoda el vestido, no me pregunta por sus bragas, eso es bueno, sube al asiento del pasajero y espera a que yo baje y me acomode los pantalones, cuando me pongo al volante murmura una dirección que olvido a los 30 segundo de dejarla ahí después de negarme a subir a su casa, pues mi mente, por extraño que parezca sigue pensando en esa silueta que vi en la azotea.

● ● ● ● ●

Han pasado ya tres meses de esa noche y sigue esa sensación de ser observado… Quizá es solo la molestia de estar inactivo, dicen los rumores que estaban reclutando buenos hombres para ir a no sé qué quinto infierno en Sudamérica, iré a enrolarme, eso me quitará de la cabeza esas estupideces.

Hoy me encontré a un viejo camarada y saldremos esta noche a tomar unos tragos por los viejos tiempos mientras me explica lo del asunto de Sudamérica… Dicen que la paga es excelente, pero yo solo quiero eliminar a unos cuantos cabrones más, el dinero es un extra nada más, he ganado en mis treinta años más de lo que algunos de esos imbéciles hippies con título, así que no es problema.

El cabrón con quien he quedado no llega. Solo esperaré hasta que termine esta botella y me largo… Quizá esta noche me fume el peyote que esa perra hippie me regaló la otra noche. Eso sí fue un viaje, en cierto momento me vi hablando con una criatura como las que hay en las iglesias antiguas, solo que esta era mujer y estaba muy buena, no como las peñas esas góticas, con cuernos y caras horrendas, a pesar de que sabía que era un alucine me hizo sentir muy extraño pues me preguntó muchas cosas de mi… Y al final me besó…

Cuando “baje” le comenté a tipa que me había dado la droga si eso era común, pero solo conseguí que me soltara un montón de mierda freudiana con delirios religiosos. Pero… Yo quería volver a verla… Extraño que la primera hembra que quiero ver más de una vez, ni siquiera sea de mi especie… Es más, para el caso, ni siquiera es real…

¡Puta madre! Otra vez esa sensación de que estoy siendo observado, sé que no estoy ebrio todavía, no puede ser mi imaginación y llevo más de una semana limpio de drogas… Al principio descarté las posibilidades de un verdadero acosador, no quería que un pirado de esos que acechan y matan excombatientes me jodiera la vida, regresé a investigar la casa de al lado del bar para descubrir la identidad del observador de esa noche, solo para encontrarme con que era un lugar abandonado en reconstrucción, después pensé en esos pervertidos que están de moda con miras y tecnología y se hacen adictos a seguir a tal o cual persona los malditos enfermos…

Miro a mi alrededor buscando entre la gente, solo los clientes de siempre, putas y ebrios y sin embargo siento la presencia cada vez más fuerte, casi como un llamado en mi cabeza, esta vez ya es demasiado, me está volviendo loco, me levanto y salgo al callejón donde está estacionado mi auto. Traigo una pistola, solo es una .38 pero será suficiente para encargarme del idiota, cierro las puertas de mi auto, me giró en redondo y me quedo impactado… Ahí está… Parada a mitad del callejón, bella, bajo la luz de la luna, más hermosa si se puede creer, que la primera vez que la vi… Incluso recuerdo su nombre… Stephany…

Sin mediar una palabra avanza hacia mí, todos mis sentidos perciben peligro ante su avance, mi mente de militar me dice “¡Corre soldado!”, sin embargo por loco que parezca no quiero huir y pese al instinto me limito a esperar, siento el latido de mi corazón, tan fuerte en el pecho que duele y el rugir de la sangre en mis oídos tan intenso que juraría que el sonido llega a cada extremo del callejón… Mas mi mente empieza a repetir “Algo tan hermoso no sería capaz de dañarme” y después de este último pensamiento… Silencio…

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Segunda Parte. Reinicio.

Uno de mis primeros recuerdos es que despierto en un lugar frío y húmedo, apenas puedo recordar como articular palabras y aunque está oscuro mis ojos perciben perfectamente los alrededores… Una hermosa criatura me observa desde un rincón de la habitación, es extraño, conozco muchas cosas, pero no tengo ni puta idea mi… ¿Qué soy?... ¿Quién soy?... O ¿Qué hago aquí?... son preguntas que no puedo responder. Ella se levanta y se acerca a mí, una media sonrisa en sus labios, me acaricia la cara mientras pregunta como me siento. A decir verdad salvo la falta de información sobre mí, me siento mejor que nunca. Eso es lo que le digo, ahora ella sonríe abiertamente y me dice:

– Tu nombre a partir de este momento es Kristoff, hijo mío, ahora eres un miembro orgulloso de nuestra familia. Espero que estés dispuesto a aceptar todo lo que eso conlleva, pues fuiste una elección personal mía. Yo seré tu Sire, tu madre, tu compañera, tu maestra, todo lo que necesites por ahora, mi nombre es…

Algo en mi maltrecha memoria se agita y la interrumpo, el nombre sale de mi boca antes de que tenga oportunidad de razonarlo…

– Stephany…– le digo y ella parece complacida al oírlo.

Me toma de la mano y salimos de la habitación rumbo a lo que sería el más duro entrenamiento que jamás he conocido.

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60 años han pasado desde esa noche en que desperté al mundo de las tinieblas y conocí a mi Sire, Stephany, mi amiga, amante y maestra. Quien me creó y de quien aprendí todo que había que saber. Hoy, voy camino a una misión de la que ni yo mismo se si saldré entero, con la compañía más rara que pudiera haber imaginado… Una Malkavian, un Avalon, un Toreador y un Gangrel.

– Pero bueno – pienso mientras apago mi cigarro contra el muro, sonriéndole a la noche que comienza…– Es hora de chingarle.

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